Todo ocurre en el cuerpo. Esta es la tesis que atraviesa la poesía de Laya Jasso, estudiante de la Prepa 55. En sus poemas, la violencia y el deseo entrecruzan sus lenguajes con los del mar y la religión para acercarnos a la experiencia de una joven que no pretende salir ilesa de sus propias palabras.
Santa Teresa
Anoche me botaron del cielo
por masturbarme.
En mi nuca arde la discordia de las voces que me acosan.
De vez en cuando las dejo de oír.
Lo que pasa es que los querubines arrancaron mis orejas.
Lo que pasa es que me cortaron 7 dedos. Uno por cada pecado.
Pero casi manca seguí siendo guiada por otros tullidos.
En mis fosas abundaba el olor del azufre.
Supe entonces de escorias celestiales que nunca he visto y dudo ver.
Hay quien quiso castigarme, pero la vida fue más rápida.
Reencarné en aquello que desde niña tuve.
Todo esto por la soberbia que me da estar aquí con ustedes.
A veces pienso en regresar para que mi abuela no enferme.
No podría con otro campo quemado.
Mi padre me hizo huérfana y lo odié durante años.
Me acusa del adulterio que tuve con las letras que usé para escribir esto.
Y porque me maté poco después de escribirlo.
No hay palabra para describir a quien pierde una hija abandonada.
Como Santo Tomás, sólo en lo que veo.
Y vi a la Virgen cuando me ahorcó con su manto.
Sólo bendita ella entre todas las mujeres. Sólo ella.
En ese momento llegaron los ángeles a decirme que todos los poetas irán al infierno.
Tal vez por eso siempre sentí que el rosario de mi cuello pesaba.
Las cruces del cuarto donde vivía planearon muchas veces penetrarme.
¿Qué rito cristiano o católico menciona algo así?
¿Cómo hubiera gozado de todos modos si Dios me observa, me aprieta y me ahorca?
Los dichos muchas veces son falsos.
De rodillas llegué a suplicarles perdón a imágenes que mi lenguaje no abarcaba.
Estaba nerviosa. No sabía si mi corazón podría comer carne ese día.
Al final fueron mis muñecas las que atravesaron los clavos.
Toda maldición son mis pecados.
Hasta mis ojos me pesan.
Una vez me agarraron a tablazos por no aprenderme ese rezo.
Lo repito desde que mis sueños se volvieron lúcidos.
/yo/confieso/ante/dios/todopoderoso/
/y/ante/ustedes/hermanos/
/que/he/pecado/mucho/
/de/pensamiento/palabra/obra/y/omisión/
No recuerdo más. El sentimiento. El golpe de pecho.
Dejé de soñar. Me convencí en un dios que ya no existe.
Y desaparecí.
Algunas margaritas
Pude oír su voz desde que di mi primer respiro.
Desde su espacio me hace sentir lo poco que valgo.
Sus manos son suaves. Casi no duele cuando golpean.
El morado de sus moretones es el más brillante que he visto.
Ese color es lo único en lo que pienso cuando pienso en ella.
A veces lloro sangre cuando te encuentro al verme.
¿Cuántos años no nos vimos como lo que éramos?
No, nunca fuimos.
La primavera se marchitó en mis manos. Lo viste.
Ahora busco una puerta que me lleve a tu invierno.
Te traje la miel de las flores que ya no compartimos.
Te quiero demostrar que toda flor puede volver a vivir.
Y que esta vida que me diste,
luego del frío
no me mató.
Veda por temporada de desove
Soñé ser arpón
y carne abierta
El anzuelo que brilla
el agua turbia donde se oculta el deseo
Soñé la red
que te envolvió por instinto
el pez que se ofrenda
brillante
a la mordida
a tu mordida
Tus dientes
dejan la huella
de su jurisdicción
más fuerte
en las escamas de mi lomo
en los miómeros de mi mente
en mis genitales
en mis senos de agua
Yo me ofrecí
vulnerable
jamás soñé ser cazadora
todo fue una mentira
Tiburón
creíste dominarme sin saber
que ya sangraba
Las aves nunca olvidan el vuelo
para Wino Santos
Nada
hasta el borde del sistema
para ver si es posible el silencio
Recuerda
las alas que fuiste
Busca
el amor que perdiste abajo
arrepentido de tu historia
Sana
todo lo que te dolió del hielo
y que ahora persiste en la materia oscura
Deja
marcada en el polvo de nieve
que rodea los cometas
la huella de tu aventura
Camina
en la superficie sin peso
de planetas sin nombre
Alumbra
porque la estrella más masiva
no tiene idea de lo que significa
la luz
Recorre
el resto del universo que dejaste pendiente
Aprende
a respirar
en la ausencia total de materia atómica
Abraza
el calor del sol
que siempre te pareció menguante
Avanza
porque las lágrimas congeladas se quedan atrás
y las vuelves la cola
de tu ser cometa
Acaba tu libro
para que yo acabe el mío
Síndrome de ovario poliquístico
Despiertas muerto
viviendo al son del aire
La sangre cuajada saliendo de tus ojos
por no aprender a respirar
El florero guarda tus últimos recuerdos
mientras las arañas
hicieron su nido sobre mi cabeza
Tu tacto me dejó cicatrices
adentro de la nariz
y ahora puedo memorizar perfumes
que cuestan más que mi casa
En mi torso hueco
se desfunda una ausencia
que me recorre
desde mis labios menores
El óvulo que se hizo quiste
me reclama el que no lo dejé
quedarse
con un poco de ti
Los Baska
No todo lo que me toca se queda.
El dolor y los moretones desaparecen,
excepto…
Su palabra grabada en mi cáscara.
Su imagen.
La tristeza compartida.
La calma.
El dolor.
¿Conmigo?
¿Con ustedes?
Ustedes: un doler menos a cada palabra del tatuaje
Rotxs
para
siempre
pero
tranquilos
Pasajero
Hace días que un ciempiés se me metió
por el ombligo.
Lo escucho madrugar entre mis costillas.
Cuando por fin me duermo
hurta mis órganos
para sosegar su angustia de llevarme al orgasmo.
Una vez salió de mí.
Sentí un olor fétido.
Lo había experimentado antes,
cuando metí mis dedos debajo de la cama.
Desde entonces no dejo mi fragancia de vainilla
para soportar la peste.
Por eso no quiero que salga.
Cuando está dentro de mí
experimento cómo raspan sus cien uñas
los huecos de mi espinazo.
Cada tripa tiene ya una marca de que estuvo.
No me queda más que llorar
por la soledad que siento de tenerlo conmigo.
Hace una noche, salieron ruidos inusuales de mis oídos.
Crujidos.
Mis audífonos siempre reproducen una playlist para poder dormir
y no fue suficiente.
Había escuchado tanto y eso fue nuevo.
Como la primera vez que sentí el peso de alguien encima.
Su vibrar me tomó de la espalda,
se colgó de mi columna
y me rompió la cóclea
para que no pudiera escuchar otra cosa.
Cuando desperté esta mañana no encontraba mi voz.
Por eso grité que dejara de beberse mi sangre.
No fue una sorpresa su respuesta. Dijo:
¿Dónde puedo encontrarte?
Vaya. También me quitó mi grito.
Mejor volví a cortarme el cabello
y tomé un baño para ignorarlo.
Al final, su soledad lo hizo huir.
Antes de acordarse y tomar camino
me devolvió un grito, el único y el primero.
Deja de masticar la carne de tus cachetes
Deja de desconfiar de tus rodillas
Escribe más
Antes de olvidarlo, le pregunté si me perdonaría.
El sol me pegó en la cara
y se largó llorando.
Sí.
Mamíferos marinos
No sé para qué nado
si las olas me traen de vuelta.
Todos los poemas hablan de ti
y de la arena que sostiene mis glúteos.
Nadie me enseñó a zambullirme
en el mar de un vaso.
Toda la vida aprendía a ahogarme.
Respirar es parte de la naturaleza,
pero yo respiro por ti.
La marea sube cuando cierro mis ojos.
Su ritmo golpea mis pies.
Sólo en ese momento ya no te alucino.
No sé cómo ponerle fin
a mi inicio.
Pocos mamíferos aprendieron a nadar.
Cetáceos. Sirenios. Pinnípedos. Úrsidos. Mustélidos.
Yo no soy uno de ellos.
Yo no sé cómo salirme de aquí.
Preferiría dejarte mi linaje
como tributo.
Entro al mar.
Todo muere.
Otra vez y por siempre
un nuevo inicio.

Laya Jasso (Estado de México, 2009): Estudiante de la Prepa 55 y chambeadora de lo que encuentre. Fue becaria del PECDA Estado de México en la cateogoría de Adolescentes Creadores. Perepara su primer poemario titulado Entomología del abandono. Es integrante del colectivo de creación artística Los Baska. Sus rodillas dejan mucho que desear.

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