Los hombres que no amé


[desconocido de atenco] 14 y 15 de julio de 2012. La Convención Nacional Contra la Imposición. Más de 300 organizaciones reunidas para construir un plan de acción a poco tiempo de las votaciones. #YoSoy132, FPDT. Compañeros y compañeros; en ese tiempo nadie se preocupaba por el lenguaje; si había alguien, su voz se perdía entre tantas. Mi frente: el Oriente (UAM Iztapalapa, FES Zaragoza, UAEM Texcoco…). Mi célula: Prepa 55 y Universidad Revolución. Mi voz: Porque el color de la sangre jamás se olvida, los masacrados serán vengados, vestidos de verde olvido, políticamente vivos. La tuya: ¿Cómo estás? Tu nombre: no pregunté o no lo recuerdo. Tu edad: 15. La mía: 15. Tu rostro: adolescente, blanco, acneico. El mío: entusiasmado. Tu pelo: largo graso, liso. Tu cuerpo: twink, más alto que yo. El mío: deseado, feliz. Nuestra conversación: incómoda. Detrás: mis compañeros. Detrás de mis compañeros: la duda. ¿Saben? ¿Qué saben? ¿Se nota? ¿Qué se nota? ¿Se me nota? La despedida: precipitada, casi triste. Tu pregunta: ¿Nos volveremos a ver? Mi respuesta: no recuerdo. La realidad: no volvernos a ver, casi olvidarme de todo. Las asambleas de trabajo dan paso a un mitin, el mitin a un fandango, el fandango a la tertulia. Verte lejos, riendo. Verme solo, enamorado de alguien más que va a lastimarme, en secreto, triste. La lluvia que llega a interrumpir la acción. Ni la lluvia, ni el viento, detiene el movimiento. Quienes disfrutan y quienes entran a sus casas de campaña. Tomar una combi de regreso. Una derrota que anticipa nuestra derrota inevitable. ¿Y si…? Regresar al ritmo normal de las cosas y esconderme otros muchos años. Soñar que el 1 de diciembre fuiste a San Lázaro pensando en encontrarme, que corriste con la suerte de otros en la represión de ese día. Que quisiste acordarte de mi nombre, si es que te lo dije. Soñar que fui lo último en lo que pensaste. No has muerto, no has muerto, no has muerto camarada. Tu muerte, tu muerte, tu muerte será vengada. Decirte que en 2018 tuvimos nuestra revancha. Y que perdimos.

[el zar] Reencontrarnos después de 11 años. Un crush, mío. Estudiábamos en la misma prepa: tú, dos generaciones antes, turno vespertino. Pero al tiempo llegó el tiempo, la heteronorma, las promesas a la novia que se convirtió en compañera de casa y en compañera de trabajo y en compañera de vida. Llegaron las dudas a la promesa después de nueve aniversarios, las traiciones, el llanto, la terapia de pareja, los experimentos, las reglas, los acuerdos, las aplicaciones amarillas, las primeras salidas infructuosas, las siguientes ya no tan infructuosas; llegaron las conquistas, la confianza, la complicidad. Llegó el decirle “voy a salir con…, te escribo”, llegó el “sí, ya casi, nomás lo voy a ir a dejar”. Llegó un mensaje: “A que no sabes a quién me encontré. Te acuerdas de…”. Y llegaste: ¿En serio eres tú? ¿Cómo te puedes acordar de mi apellido? No hay tantos apellidos con Z; siempre me gustaste. Qué coincidencia. Después: un antro en Los Reyes, una cubeta de cervezas, algún beso y vámonos que ya es tarde y me da pena que me vean. En el coche hablamos del pasado. Quiero conocer tu casa. Vamos. Quiero conocer tu cuarto. Pasa. Quiero conocer tu baño. Entra. ¿Quieres? No, hoy no. Yo tampoco. Meses después de esa salida seguían llegando mensajes incómodos desde distintos números, todos bloqueados, sin respuesta. Más adelante, una alumna que intenta manipularme: maestro, lo manda a saludar mi mejor amigo. ¿Quién? ¡Ay! ¿Cómo que quién? Hasta lo invitó a su casa y me dijo que… Sentirme expuesto, desnudo. El primer chisme de tantos. Decirle: “¿Te acuerdas de…? Anda diciendo. Me da miedo”. No te preocupes, [después de nueve años] estoy contigo.

[johnny boy] La claridad: Tengo pareja, una relación no monógama. En este momento sólo me interesa algo casual, pasar el rato, ¿está bien? El morbo: ¿Tu pareja es mujer? ¿Y sí te gusta? ¿Tienes hijos? ¿En qué trabajas? ¿Cuándo salimos? La primera vez: temprano, pasar a tu casa, llegar al motel, pagar $380 y que nos regalen una bolsa de chetos y dos cervezas. ¿Ya habías venido? No, nunca. Nunca con un hombre. Entendernos. Compararte con los otros cuerpos que conozco y sentirte diferente. Un noveno que se siente novedoso, casi primero. ¿Qué es este cuerpo que me apela? ¿Qué esta piel? ¿Qué estos pliegues? ¿Así era? ¿Así ha sido? ¿Así debió haber sido? Salir felices, confundido. ¿Y qué buscas conmigo? Ya te dije que tengo a alguien. [No quisiera dejar de verte]. ¿Pero no te gusté? ¿Qué me hizo falta? ¿Es porque no soy mujer? ¿Te da miedo lo que digan? Nada. Eres un mamón, eres un pendejo. [Sí]. Perdón, pensé que fui muy claro. No te preocupes, yo fui el pendejo. ¿Todo bien? Todo bien. ¿Seguro? La segunda vez: tarde, con otro plan, más cerveza, más todo. Saliendo vamos por miches, ¿sí? Sí. ¿Me lo prometes? Sí. Pero llegó un mensaje: “me dijiste que sólo saldrías con él dos horas, eres un cabrón”. Perdóname, ya tenemos que irnos. No mames, ¿porque te lo dijo ella? Ya me lo habías prometido. Perdóname. Eres un mamón y un pendejo. [Sí]. Pensé que fui muy claro en que tenía prioridades. ¿Y qué pretendes con tus mamadas? Me gusta conocer gente, cuerpos; quisiera compartirme con cien antes de cumplir 30. ¿O sea que fui un número? Todos somos números. ¿Cuál me tocó? El 9. Vete a la verga. Perdóname. ¿Dónde quieres que te deje? Llévame a casa de mi ex. Vamos. ¿Seguro? Sí. ¿No te dan celos? ¿Por? Por nada. ¿Volveremos a vernos? Vete a la verga. Orbitarnos varios años, verlo cambiar de trabajo, de cuerpo. ¿Volvemos a salir? Prometo esta vez no enamorarme. Sí, vamos. ¿Te mando fotos? Sí, dale. [Verte. Verte no ser el mismo. ¿Qué es este cuerpo que me apela? ¿Por qué cambió? ¿Por qué ya no me gusta? Dejarte en visto]. ¿Y tú cuándo? Perdóname, ya no puedo. ¿Otra vez ella? No. [No]. Eres un mamón y un pendejo. Lo sé. Vete a la verga. Ahí sigo.

[peralvillo] ¿El noviazgo es una manifestación de la lengua o de las manos? ¿Qué de material hay en ello más allá de lo declarativo? ¿Qué física tienen los actos que no trascienden el trecho que abalanza el mensaje de Whats como único medio de contacto? ¿Cómo te registro? Como tu novio. Bueno, pero ¿cómo se llama mi novio? ¿Quieres que seamos novios? No es algo que esté buscando, pero ya tampoco me da miedo. Podemos jugar a ser novios. ¿Cómo sería eso? Haces muchas preguntas. Bueno, está bien. Háblame de ti. Tú primero: estudiante de ingeniería mecánica, tamaulipeco venido a chilango, fiestero, borracho. Tengo una prima que te conoce. ¿En serio? Sí, le das clase. No me digas, ¿y qué dice de mí? Que eres divertido. No le cuentes que te conozco. Te entiendo, ya luego le presento a mi novio de mentiras. ¿Qué procedimientos se siguen cuando se tiene un novio? ¿Son similares a los que pide una novia? ¿A una esposa? ¿A un vínculo sexoafectivo que es leído como “esposa” aunque no se enuncie desde ese lugar institucionalizado? ¿Cómo se mantienen o distancian los roles de género en una relación que no conlleva complementariedad impuesta? ¿Hasta dónde se puede sostener un noviazgo de mentira? ¿A quién va dirigida la mentira? “Oye, te quiero contar una cosa: ya sé que habíamos dicho que nuestro vínculo era más bien como una relación abierta y jerárquica, pero me encontré a alguien y dice que juguemos a ser novios y creo que me gusta, ¿tienes problema?”. Ninguno. Mi problema: ¿qué es tener novio? Mi trayectoria: un novio a los 13 años, violento, animal, abusivo, enclosetado, espejo; una novia a los 16, divina, constructora, coescritora, dispuesta, legitimada; fin. ¿Qué significa tener casi un primer novio a los 27? Mis actos: declarativos. ¿Se le dice “te quiero” o “te amo” a un novio de mentira? Mejor sólo el saludo, la charla diaria, el cómo estás, qué tal tu día, qué tal los exámenes, me avisas de tu fiesta, sí, yo también estoy cansado, lamento que no puedas venir esta semana, vamos al Pride, entiendo, no, pues igual iba a ir con mis estudiantes, no te preocupes, sí, ahorita te mando un video. ¿Qué es un noviazgo de mentira? ¿Cuándo acaba la mentira? ¿Cuando empiezo a sentir ganas de verlo? ¿Cuando quiero decirle que no mintamos? ¿Cuándo? Pero entonces el ghosteo y más dudas. ¿Cuándo acaba un noviazgo de mentira? ¿Cuando me siento incómodo porque no me responde y veo que está conectado? ¿Cuando el mensaje deja de ser diario? ¿Cuando el mensaje sólo es para pedir videos? ¿Cuando en tres meses nunca nos vimos? Un sábado: ¿Estás ocupado? No. ¿Puedes venir a verme? ¿Hasta la Ciudad? Es que me hago dos horas. Tengo el depa solo. Bueno, voy. Que pase, por fin, que si quiero que entre. Escombrar su cuarto, incomodarlo. Salir del departamento. Fue un gusto. Silencio. ¿Lo fue? Bloquearnos. No volver a vernos. ¿Qué tipo de duelo atravieso cuando acaba un noviazgo de mentiras?

[sweeney] ¿Rol? Inter, más pas. ¿Edad? 20. ¿Dónde vives? Por el 27. ¿A qué te dedicas? Estudio turismo. ¿Qué buscas? Lo que se dé. ¿Y qué se ha dado? Nada, salidas, plan amigos, nunca sólo coger. ¿Por? Soy demisexual. ¿Qué es lo que más te gusta? Kenia Os. ¿Te gustaría que nos conociéramos más? Sí. ¿Cómo y dónde? Vamos al cine. ¿Qué quieres ver? La de Barbie. ¿Cada cuándo estás libre? No lo sé, aún no tengo mi horario. ¿Quieres seguir platicando por Whats? Sí. Algunas lecturas a cuestas, nunca las suficientes: Brigitte Vasallo, Norma Morgovejo, Nadia Rosso, Lucrecia Masson, Annie Sprinkle, Laura Arnés, Daniela Portas, Michelle Fine. Todo listo para desjerarquizar; los celos son el Estado en nuestra cama; mi única propiedad es el aire que entra y sale de mis pulmones; lo personal es político; todo menos decente; todo sea por la perversión del mundo. Pero estar dispuesto decirle “te amo” a un desconocido del que gusté en una foto no es contraamar; pero sentir que no tiene que gustarme para que entre a mi “polícula”, para cuidar de él, para enunciar que lo amo tampoco es contraamar; pero nunca sentir algún tipo de afecto y a pesar de ello decirlo jamás podrá ser contraamar. La salida al cine: tosca. Su cara: incómoda. La mía: peor. Atravesar cuatro municipios para poder caminar juntos sin pena, ni siquiera tomados de la mano, renegar de cualquier contacto incluso en la oscuridad de la sala, aburrirme con Barbie, querer que termine para salir de ahí, no puede ser contraamar. ¿Qué te pareció la película? X, no me sorprendió. ¿A ti? Me gustaron las canciones. ¿Te puedo contar de mi ex? Claro. ¿Cómo ves? Está cabrón. ¿Crees que hice mal? No, al contrario, lo diste todo. ¿Crees que quiera que regresemos? Puedes intentarlo, tú no te equivocaste. ¿Y nosotros? No te preocupes, creo en la desjerarquización de los vínculos; yo seguiré aquí pase lo que pase. Gracias, te quiero. Yo a ti. Ellos: volvieron, felices. Nosotros: vernos otra vez para eso y después ni algo cercano a amigos. El contraamor: una colección de textos compilados por Norma Morgovejo.

[treviño] Pensarme capaz de entender el borde de las cosas, exacto, la pendiente que direcciona su movimiento, la razón que les empuja hacia un sitio, justo a ese sitio y no a otro; pensarme apto para parametrizar el deseo, calcularlo caudal, presión, flujo: tráiganme al amor que ahora sí ya lo entiendo, ya leí lo suficiente, ya oí podcasts, ya vi documentales, ya construí el lenguaje necesario para habitarlo sin lastimar ni lastimarme: ¡Hola! ¿Cómo te va? ¿Dónde vives? ¿A qué te dedicas? ¿Qué buscas aquí? ¿Cómo fue tu última relación? ¿Qué te gustaría tener de mí? ¿Cómo entiendes las relaciones? Dejar que fluya, que solito se acomode, que nada restrinja el movimiento, que nada gobierne sobre nosotros: puro deseo: pura tensión: pura palabra comprometida con el momento: puro presente. Vine al mar de Cortés, estoy de vacaciones. No, no creo que exista el amor como algo más que discurso o abstracción. Creo en las acciones, en el cuidado, en decidir ser honesto, en compartir tiempo, vida, espacio. Sí, hay más, pero nadie es más, no para mí, quiero decir. Vivo con alguien; sí, mujer. Sí, tengo otra relación a distancia, es de Tlaxcala; no, nunca nos hemos visto en persona. Sí, ligo con una chica de la Ciudad. La precisión: si amar no hace una comunidad de cuidados, ¿entonces para qué amamos, no? Lo que tú digas, me importa tu opinión y lo que sientes. ¿Cuáles son tus no negociables? Está bien, me gusta. Regreso el martes, ¿quieres salir? Mira, te traje algo de recuerdo. ¿A dónde quieres ir? ¿Seguro? No oponer el cuerpo al cauce, no aferrarse a nada, no preguntar más allá de lo que se pueda responder en este momento, no rascarle al pasado de ninguno porque el sedimento enturbia, alenta; negar que el otro existe por fuera de su presente y de su función narrativa; negarlo todo; negar que en sus fotos se veía diferente, que su música me cayó gorda, que el corazón que hicimos en un collage de fotos me dio cringe: fluye, fluye, fluye: el amor es una decisión: el amor es un discurso: el amor no existe. Coger y despedirnos. Fluye. Seguirnos en Instagram: por un tiempo, algunos fuegos, después sólo corazones: sentir el empuje en medio de lo incierto: no todo cuerpo se hunde: soltar sin rencor y ya sin vergüenza; ser materia de tránsito; ser pulso; dejar de ser: todo movimiento perfectamente calculado, exacto.

[tigre] La precuela: también nos conocimos en Grindr, pero desapareció un año; después me contó que tuvo broncas y que se alejó de todo; encontré su perfil en Instagram y empezamos hablar; sí me recordaba. El personaje: integrante de una comunidad evangélica bastante estricta con la vida sexual ajena, por lo que no exhibía su deseo abiertamente; transfóbico y elitista, aunque pobre; hábil para sobrevivir, trabajador; guapo y consciente de ello. Mi lugar de enunciación: no monógamo, sin entrar en detalle; mayor, con coche, trabajo estable, estudios; pendejo para sobrevivir, flojo. Coincidencias: no querer darle un nombre al vínculo, pero tampoco fingir que las cosas fluyen solas; decir la verdad sin ser suicidas; no mostrar afecto en público porque nos da miedo ser leídos como hombres que se desean y que desean a otros hombres; tener una lista: ser yo el 15 y él el 41; que no nos angustie el lugar que ocupamos en la lista del otro. Discrepancias: yo quiero cuidar, él no quiere ser cuidado; yo quiero apantallar, él no se apantalla; él quiere oír, yo no quiero ser escuchado; él quiere el presente, yo quiero el futuro; él quiere eliminar la diferencia, yo me vivo a partir de ella. La primera vez: café de desayuno, caminar hablando de maderas (él, carpintero) y de árboles (yo, biólogo); ir por helado y hablar de la gente que queremos; que me juzgue: ella es tu roomie; molestarme y no decirlo; quién se cree para fiscalizar el deseo ajeno; un beso dentro del coche, con las ventanas cerradas, en el estacionamiento vacío de un Oxxo. La reseña: “Oye, ¿te puedo contar algo? Fíjate que me gustó mucho este… Es muy guapo. Mira, ¿a poco no? Es el primero que me gusta mucho. Creo que sí me estoy enamorando. ¿Cómo te sientes con eso?”. La segunda vez: más distancias, emocionales y geográficas; ir por pulque y no ponernos de acuerdo con qué comer y mejor no comer; ir a un motel y no agarrar ritmo; disfrutar de todos modos; ah, entonces sí tenemos ritmo; mira nada más qué cuerpo, qué trofeo, qué materia tan exhibible, tan delgado, tan torneado, tan mi gusto; la vida: sus tristezas y las mías, sus confesiones y las mías; la certeza: seguramente no nos volvamos a ver; yo: ¿por qué no suelo pasar de las segundas veces?; él: tuve idea, pero no confirmación. La reseña: “Oye, ¿te puedo contar algo? Fíjate que sí me gustaba mucho, pero era raro, religioso y mamón; pero no mames, estaba bien guapo. No creo que volvamos a salir, la verdad, creo quiere con alguien y van a andar, si no es que ya andan. Nunca anduvimos realmente. Te amo, ¿sabes? ¿Cómo te sientes con eso?”.

[vans] No pretendí amarte, no lo hice y no lo intenté. No quise ser honesto ni mostrarme tal cual soy. Tampoco dije mentiras. No te quise compartir mi vida más allá de algunas fotos del jardín. Te dije que el que se enamoraba perdía porque sabía que no iba a perder. No pienso que te hayas enamorado, eso sí. Tal vez te sentiste usado porque, efectivamente, te usé. No del todo, sí me gustaste. Estaba triste, pero no me quiero justificar. ¿O sí? He amado a cinco personas. Aunque, ¿qué es amar? Me enamoré de cinco personas; sufrí por el interés afectivo de cinco personas; quise compartir mi vida con cinco personas; imaginé futuros posibles e imposibles con cinco personas; enlisté dentro de las “personas que sí amé” a cinco personas; los “hombres que sí amé” fueron, de hecho, cuatro: en secreto porque no podría ser de otra forma, con vergüenza, con insensatez, sin reciprocidad, de forma invasiva, manipulador, pusilánime. No llegaste, te busqué. Bueno, tú me buscaste, pero bien podía dejarte en visto, bloquearte antes de tiempo, no continuar la conversación, no agregarte en Insta, no seguir el juego de los buenos días, no planear una salida, no planear otra, no planear otra que nunca se hizo porque suelo quedarme en dos. Me gustaron tus tatuajes y me fastidiaron tus ganas de demostrar lujo. Tal vez me hubiera enamorado de ti, hombre, si tu nariz se pareciera a la de mi papá; tal vez si hubiera sentido que estabas en un peligro del que podía salvarte; tal vez si sintiera que existía algún tipo de relación de poder que podría ejercer sobre ti; tal vez si no hubieras mostrado un interés claro; tal vez si hubieras sido mujer. Pero lo que te faltó para que me enamorara de ti es, de hecho, lo que me falta, o lo que me ha faltado. La herida, dicen; el vacío. Es al revés: el incompleto no eres tú, caramba. Te busqué para hablar de desjerarquización, pero seguí operando prioridades y clasificaciones de legitimidad; te dije que fluyéramos, pero nuestro mes hablando estaba casi calculado; dije que quería cuidarte [¿fue mentira?], pero te abandoné; quise amarte de otra manera, hombre, pero sólo supe nombrar de otra manera el amor que no sentía. Quisiera culpar a mi adolescencia, al primer hombre que amé y su violencia contra mi cuerpo, al sentirme culpable de ser bisexual mientras amaba a la primera mujer que amé, a la confusión del segundo hombre que amé, a la inconsistencia del tercer hombre que amé, a la incongruencia en la que me vi envuelto con el cuarto hombre que amé: nada. Quien tiene en sus manos la derrota, ineludible, soy yo; quien tuvo y tiene miedo, quien se escuda en la claridad, quien hace muchas preguntas, quien pretende estar listo, quien pretende tener las cosas bajo control, quien se desentiende de la diferencia, quien usa a la gente, quien abusa, quien enumera, quien instrumentaliza. Tú cierras esta lista en la que sobran ocho y falta uno: el único hombre al que no amé: yo.

Chucho G. Galindo

Deja un comentario