Si la ternura tuviera un cronista contemporáneo, quizá este sería David Gutiérrez Pichardo. En sus textos aflora, entre chimecos y muñelocos, la herida cotidana del capitalismo. Su poesía muestra la esperanza que queda guardada en las palabras después de un día horrible en el trabajo.
Inextinguible la noche
Inextinguible la noche
en que intentamos pelear nuestro destino
habrías podido hacer brotar ciclamores de los pliegues de mis manos
y enraizar mis dedos en el calor de tu garganta
si hubieses querido
pero no fuimos en tanto quisimos ser nosotrxs
sucede que el tiempo / los golpes
la soledad / el abandono
era tan frágil la dicha que nos sostenía
era tan frágil la noche que nos sostenía
y sin embargo
para mí no ha amanecido
morce
enternece
amanecido el morce
en su aulencia tibiadura
de melusas tristes
róbule grisne
entrisnece torpe
nacido del albatrave
de rizomas risos
vacido del pensiero nebuloso
saudadiero roce
crácido
animaherida amancerada
adherida al animal de cada bosque
tramontece al final robustre
necesitando
acimantado trance y tiempo
el chimeco va hecho la chingada y no me deja escribirte un poema
a veces quisiera mostrarte a todo el mundo
llevarte de la mano como un papalote
roto bajo la lluvia
corriendo entre las arboledas
y los camellones, esquivando niños,
cacas de perro, y esas torres eléctricas inmensas
a veces más inmensas
que nosotros
pero nunca menos que la enfermedad
acuática de nuestros corazones,
el clima feroz, pero tú tan livianx
tanto
como el temple
del microbusero de mi ruta que acelera
cada día más sin miedo a la muerte, al homicidio culposo
o quizás con una vaga esperanza
de llegar a alguna otra parte
a veces quisiera guardarte a todo el mundo
llevarte en el bolsillo
como quien trae algo importante
tocándolo a cada rato
para saber si sigue allí
pienso en ti cuando miro una serie de árboles idénticos
movidos por el viento de diciembre, o una nube
rosa sobre los edificios en la quietud de los atardeceres;
esos tsurus blancos con el mismo claxon
cada cinco minutos en la calle de mi casa;
a dos personas iguales que en realidad son dos personas
con distinto rostro, pero con un abrigo tan parecido;
al gato del tejado que es igual a mi gato;
la taza que no pude comprar y que pensé
jamás volvería a ver, en otro local años después:
pienso en ti cuando encuentro alguna de esas pequeñas cosas
que entre tanto movimiento convulso crean la ilusión de permanencia
quiero mostrarte a todos
en todo lugar
y en todo momento
como diciendo
miren
merezco ser amado,
no es eso increíble?
la ternura de tus ojos
me provoca el sentimiento más sincero
aquel que fluye sólo
cuando tienes que esconder tu billete de quinientos
a las nueve de la noche
al ver subir a tres muchachos que no pagan su pasaje
esa lluvia ácida que arremete contra nuestros pensamientos
esas piedras negras que se atoran en nuestra garganta
las conozco
ese fuego tuyo que encendiste sobre mi memoria
me hace pensar a veces que
el amor debe ser inexplicable
tan inexplicable
como el momento justo en que decido
traer cambio en la cartera
por si voy a alguna plaza
y se me atraviesa una máquina de muñelocos
un pingüino, un ajolote, un elefante
para dártelo y decirte:
me he gastado ochenta pesos
en este muñeloco
en vez de comprarlo
en el tianguis de mi casa
porque el amor es arriesgarlo todo
wabi sabi
seremos frágiles
como una flor en el pantano
nos daremos
la medida justa del silencio
—Nadia Sol Caramella
sé que
las palabras
son otra forma del vacío
que no es fácil
entender la ruta de tus pasos
que el amor es breve y tiene el peso de los días
que ningún poema va a salvarnos
y es como si algo hermoso
se perdiera
con el filo del amanecer en duelo
tienes que saber que nada dura
y nada está completo
que nadie está obligado a amarse
ni a permanecer
en el engaño de la resiliencia
sé que odias
ser las consecuencias
de lo que otros hicieron contigo
pero no hay mentira
en el acto de sentirse vulnerable
llora por el cachorro
que saltó del quinto piso
indígnate por el dolor
que hizo a ese hombre
confundir el freno
en el semáforo
abandona de nuevo la esperanza
ese proyecto
que pensaste fracasado en cada intento
rompe un espejo
por cada cosa irreparable
y limpia tus llagas
mira sin miedo
el manso abismo de la noche/rida
siente su furia
crepitar entre tus manos
haz de tu voz un río
y de tu corazón un mar inmenso
muéstrale al mundo la importancia
de ese llanto, del encuentro de lo que
deseamos
y lo que tenemos
pero recuerda siempre esto:
es otra forma de la fe
amar -ante el espejo- nuestras cicatrices;
no se escucha el vuelo de las aves
o el sigilo de las flores
y aun así reconocemos en su ausencia
la ternura
mírame
las palabras no van a salvarme
pero yo no puedo dejar de escribir estos poemas
del bosque tibio no aceleres el incendio
no seas la espesura
que recorre sus arterias
esa nostalgia feroz
se te parece tan poco
aunque tus manos siempre lleven una parte
de su levedad iluminada
sé gentil con el mundo, amor,
en lo profundo de sus soledades
él comparte este silencio
fluoxetina
intenta traducir en una imagen la palabra
fluoxetina
o ese sentimiento
color naranja o púrpura
cuando nos enteramos que nuestrx amadx
no conoce el nuevo acuario al que tanto hemos deseado ir
desde hace mucho mucho mucho tiempo
pero no había sido posible por la sencilla cantidad
excesivamente cruel
de trabajo en la oficina
por el Arrebato
inhumano
de nuestro valioso tiempo
y toda esa vitalidad que nos caracteriza
esa cruel malignidad que nos apaga tanto
que nos deja rotxs
somnolientxs
melancólicxs
hambrientxs
donde al final del día sólo cabe en nosotrxs esas ganas de morirse
un par de horas hasta la mañana
pero afortunadamente
como dije
la persona que amas no ha ido a ese acuario
así que puedes invitarlx
y visitarlo ambos por primera vez
y el acuario sigue abierto
por suerte
dibuja eso:
Un ciervo herido es la ternura
un ciervo herido es la ternura
yace en la hierba
inquieto
forzando su respiro
su pelaje hirsuto
manchado
por lo improvisado del escape
creía eso antes
que no existía lugar seguro para (que)darse
que así como ese ciervo
también era la confianza
así de amenazada por todo lo que le rodea
hasta que encontré la suavidad de tu cariño
o me encontraste
tu amor
una declaración de ese refugio de lavandas
donde lamerse las heridas
tu voz esa distancia
proveedora de un panorama distinto
más completo
el mismo ciervo en su reposo
la piel hirsuta con su extensa gama de colores
te amo porque vas dejando lo que crees que eres
con tus pasos sobre la hojarasca
para conocerte de nuevo
y reconocer la nueva forma de lo que deseas
te admiro porque me enseñaste a comprender mejor
las contradicciones que me atan al pasado
y observarlas
como un puente
con el que unifico las nuevas
y variadas formas
que voy tomando
que construí para entender todo el conjunto de ellas
en su multiplicidad interminable
dijiste que el dolor también es una ofrenda
un poema
para decirle al mundo
mira
estamos juntos en esto
soy a tu dolor lo que tu fragilidad a la mía
y nos reconocemos
entonces mi amor se levantó de nuevo y ahora es más ligero
al fin encontré el lugar donde yace el agradecimiento
lo busqué sin tener éxito durante mucho tiempo
pero su escondite se obtiene pacientemente
con la ayuda de lo que has amado
es un ciervo libre la ternura
respirando

David Gutiérrez Pichardo (Nezahualcóyotl, 1999): Licenciado en Lengua y Literatura Modernas Francesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Editor de la revista de cine y literatura Interlatencias. Ha publicado en las revistas Iguales, Estrépito, Granuja, Periódico Poético, Cardenal, Página Salmón y Punto de partida. Participó en el XI Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea. Escribe porque cree que las ideas mueven al mundo.

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