Ansioso. Una hora antes de que suene la alarma tus ojos ya están abiertos. A las 7 no contestas una llamada. Seguía dormido, vas a decir, pero gracias por acordarte. Tu horario inicia a las 9 y otra falta sería mucho. Decides bañarte y almorzar una lata de atún.
Bloqueaste todas las notificaciones. Ansioso. Revisas tu teléfono para ver la hora y lo guardas rápido. Quieres ver quién y no te lo permites. Que pase más tiempo. Claro que sabes quién sí. Pones InuYasha para pensar en otra cosa. Cuando llegue al trabajo veo. Son diez para las 9. Otra vez se te hizo tarde.
Primero abres Facebook. Solamente una publicación, la imperdible. Eres la razón de mi vida, dice. Por ti sigo en este mundo, contestas. Es verdad. En el grupo de Whats de la familia se apilan felicitaciones. Gracias por tomarse el tiempo de escribirme. En Instagram, de tus 732 seguidores, nadie.
No me gusta publicar mi cumpleaños, me da pena; no me gusta decir que ya va a ser, no me gusta poner cuentas regresivas, no me gusta que le aparezca a la gente esa notificación. Eso dijiste hace años y eso fue. Celebrar, sí. Una comida, un pastel, chocolate, reunirte con la gente de siempre, de toda tu vida. ¿Y ahora?
Ansioso. La mañana sigue y llegan algunas más felicitaciones. Ligeras sorpresas. Gracias, de corazón, contestas. Te sientes visto. Publicas una historia casi en calve, discreta. Nada obvio. Quien sepa, la cacha y te manda mensaje. ¿Quién quieres que te mande mensaje?
Hay dos personas.
Siempre hay dos personas.
Contigo siempre hay dos personas.
Cumples 30 años. Y sólo eso he cumplido, dices. Querías publicar tu primer artículo arbitrado desde 2019 y estamos en 2026. Tuviste que titularte de la maestría en 2022 y no llevas ni un capítulo de tesis. Querías ahorrar para llevar a tu mamá de viaje y le pides prestado para salir de tus deudas cada mes. Querías conocer a 100 personas antes de hoy y te quedaste en 48. Querías tener un hijo y ahora estas en proceso de separación.
Pero bajé de peso.
Pero estoy yendo al gimnasio.
Pero te tengo a ti, flaquito.
¿O no?
Son las 2. Te regalaron un pastel y una gelatina. Ansioso. Subes una foto con tus postres. Ni pedo. Si sigue así, vas a tener que subir, agradecido, captura de lo que te mandan. Ya no va a quedar duda. Continúan llegando mensajes. No son los que quieres. ¿Qué mensajes quieres? Dos.
Amor, se me había olvidado. Feliz cumpleaños. Te amo.
No me voy a ir. Quiero seguir contigo.
Son las 9. Ninguna de las dos cosas pasó. En la casa familiar te compraron tu pastel favorito, te cantaron Las Mañanitas, te desearon muchos más éxitos y que sigas cumpliendo tus sueños y tus metas. Gracias, de verdad. Regresas a tu casa. Ansioso. Son las 11:45. Casi tienes 30 años y un día. Pones InuYasha en tu celular para pensar en otra cosa y poder quedarte dormido.
Chucho G. Galindo


Deja un comentario