Anya Lemus | Muestra poética

estoy en un laberinto
de espejos
el tiempo
se detiene
me detengo
desaparezco
mi reflejo me atrapa
y me deja ir
desaparezco
vuelvo
vuelvo perdida
soy otra y soy la misma
en cada reflejo
hay alguien
alguien
que me imita
hace lo contrario
me dice muy despacio
su decir me sigue
no calla
sólo el silencio
herida por una sombra
que deja huellas
en mi sueño
sueño con voces
voces que son
ilusiones
ilusiones de lo que fui
me escucho
a lo lejos me escucho
a la distancia
y no soy yo
es otra
no vuelve
camino cansada
busco un regreso
que no llega
hay espejos
sin fin
infinito
en ellos
la verdad
en ellos
sombras
recuerdos
por más que intento
me aíslo
me pierdo
me encuentro
y sigo perdida
siempre estoy
perdida
sigo buscando
en el laberinto
lo que me hace
ser
cielo de papel arrugado
gira el pez
línea–línea–línea
un café o nada
no me busco / no me desvelo / ¡qué desvelo!
grito ahogada en el viento del silencio de un pez
otro vuela al desierto
no hay sentido en este flujo lleno de agua
cuando todo está tan seco
sigo ciega / tiempo / dolor de garganta
camino sola
¿dónde estás? te extraño
grito sentada en el sillón de escamas de pez
corté hojas / se desgastó mi pantalón
crie piojos y perdí el cabello
se me cayeron los ojos de las pestañas
saltaron mis venas / saltaste
come de mí en este instante de caída
caigamos hacia la luna del lunar de tu brazo
mentiroso / te espero / ¿qué hago?
ya no estás donde estoy
¿ya no estás? ¿dónde estoy?
tengo frío / por eso me voy
por eso se ha ido todo
grito que gira el pez
línea–línea–línea
Aguardo al aire que se filtra
Recuerdos
que se hunden en lodo
Mientas: la jauría
Vengo desde un rincón torpe
acaso el alma
acaso la esperanza
Estertores disolviendo mi palabra
¿qué digo?
No creía que el tiempo pudiera arrastrar
luego de tanto
mis miedos: serpiente
Persiste la sombra y se contrae
la red negra de sus venas
No quise
y jamás olvido
La caricia: el peso que no fue
Me despierto con el sabor del humo
el humo pegado a mi cuerpo
el cuerpo entumido
la cabeza bajo tierra
enterrada mi culpa
la culpa en plural
la culpa
después se sienta
se sienta frente a mí
me mira
me mira sin pestañar
me deja ver lo que soy
lo que soy sin

Hay noches
noches en que no pienso
noches en que no quiero pensar
hay noches que son días que no acaban
y dejo que haga su trabajo
No me redimo
pido una pausa
una pausa breve para no sentir
La culpa

He intentado hacer de este lugar una casa
pero no hay nadie esperándome
ni siquiera yo
Cada que intento volver
termino más lejos
Sombras que son mis días
Mi lugar que es una trampa
Mi existencia que son segundos atrapados
detrás del primero
iguales al anterior
y al anterior y al anterior
y al anterior y al anterior y al anterior
Pierdo la noción
del pudrirse de mi cuerpo
de la dirección de lo que pasa después
de pudrirse mi cuerpo

Todo es un eco
que ya viví
y que sigo muriendo
Buscar un camino
la posesión
Extrañar (lo)
Amar
atrapada en la caída
Quedarme aquí
Seguir despierta
Seguir
resistirme
al polvo

Creo que mi odio tiene sentido
pero sólo es tu voz molesta
pero sólo son mis pechos
pero sólo es tu olor a recién levantado
Creo que amo tu soberbia
y el largo de tu cabello
y el cómo odias mis ojos
y mis pestañas
mis puntas abiertas
Creo que odio lo que amas de mí
La gente: animales erectos
carne viva y ropa de marca
La gente: piel sobre vacío
mentira
ya no poder habitar el cuerpo
La gente: la trampa de fingir el centro
el cuarto saqueado
el silencio
el olor de algo que murió hace días
Yo: no se escuchan
no se sienten
no se reconocen
Yo: nos hemos arrancado a mordidas la parte pensante
somos pura pasión desbordada
Yo: La gente: Enajenación
la médula vacía
el impulso nervioso del movimiento del cuerpo
el enjambre de moscas
la casa tibia
Lo que queda: ausencia
café frío
a rastras
nombres que ya no pertenecen

Anya Lemus (Chimalhuacán, 2009): Es estudiante de la Prepa 55 y, desde el 2024, forma parte del taller Poéticas de la Barbarie y del colectivo de creación artística Los Baska. A veces vende dulces y chetos.

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