Autopsia de una autopsia

No recuerdo el día, ha de haber sido a principios de mayo de 2025. Akira Moctezuma me mandó un mensaje por Instagram. Hay que armar algo. Yo, dispuesto como siempre. Va, ¿pero armar qué? Un concurso de poesía para los chavos de tu escuela. Ahuevo, ¿de qué? De poesía tumbada. Vavavava. Traemos ese tema desde hace rato. No tiene mucho que leímos ARES 777: Narcoepigramas y poemas tumbados de Alexis Aparicio y salieron experimentos chidos. Pero que sea reescribiendo Muerte sin fin. Ay cabrón, pensé. Bueno, va. José Gorostiza, pero en tumbado, mexiquense, acá puerquillo. Pero que sea a lo 1000 maneras de morir. Alamadre, ¿cómo? Sí, que hablen de las muertes ilógicas, pero que tienen una lógica, que pasan por algo. Pongámosle así: Concurso tumbado de poesía reescribiendo Muerte sin fin a lo 1000 maneras de morir. Haz la convocatoria para los chavos de tu escuela y al ganador le regalamos ejemplares físicos de su libro editados por Niño Down. Jajaja, okay, lo trabajamos.

La convocatoria quedó publicada el martes 13 de mayo. Como abajofirmantes, Niño Down Editorial, La Revista del Pantano y la Prepa 55. Extensión máxima del manuscrito original, 10 cuartillas, time news roman 12, interlineado 1.5. Fecha límite de entrega, 27/06/2025. El jurado, Akira Moctezuma, Näncy NiñoFeo, Alexis Aparicio, Yomara Naomi y David Gutiérrez Pichardo. El archivo digital del texto se me mandaba por Whats a mí. Todo ordenado, todo correcto. ¿Dudas?

Con lxs estudiantes del taller Poéticas de la barbarie nos aventamos algunas sesiones de lectura y convivencia alrededor de Muerte sin fin y de la obra de José Gorostiza. Mi idea era que lxs 25 integrantes participaran, pero el reto no era cualquier cosa. Reescribir Muerte sin fin, mal que bien, puede hacerse y ya: se tropicaliza la experiencia, se le cambia el mentado vaso y la mentada agua, se coloca otra forma y fondo al debate sobre la forma y el fondo. Hasta la parte tumbada, va, nada que no sea parte del lenguaje que de por sí usamos y al que estamos expuestxs en la escuela y en el México de lxs adolescentes. Pero luego lo de 1000 maneras de morir, ahí está el detalle, como quien dice. Un problema fue que casi nadie creció con esa serie que quizá los tantito más traqueteados sí recordamos con nostalgia. Y luego combinar todo… no cualquiera quería aventarse el paquete.

El grupo de personas que se dedicaron a trabajar seriamente con el texto fueron 5 del taller y un estudiante externo. Con todxs intenté jugar el papel de acompañante en el proceso de digerir y regurgitar un material tan espeso. En los seis casos, lo más complicado fue aterrizar qué madres significaba eso de “a lo 1000 maneras de morir” según la idea de Akira. Cada quien le encontró su vuelta.

Después de un mes de trabajo, recibí las versiones que lxs respectivxs autorxs consideraron definitivas y se las mandé por correo a Akira para que él las distribuyera entre lxs distintxs jueces. El fallo reconoció una obra ganadora y otorgó una mención honorífica a otra.

Zahir Suainst tiene 18 años. Hijo menor de tres, el único varoncito. Es muy flaco, muy güero y muy zurdo de mano (y ojalá también de ideas). En el taller sus compañerxs le echan carrilla de privilegiado por blanco y por el apellido, pero lo cierto es que ni el lujo ni la holgura financiera son cosas que sean moneda corriente en su vida. Camina algún trecho y toma combi a diario para llegar a la prepa. Hasta eso, saca buenas calificaciones. Cuando le di clase ordinaria de Ecología, apliqué un examen y obtuvo el puntaje más alto. En ese momento, no me pasaba por la cabeza que escribiría uno de los poemas más interesantes con los que me ha tocado convivir.

Es autor de Autopsia a un cuerpo vivo, texto que resultó ganador del Primer concurso tumbado de poesía. Cuando leí la primera versión, me apantalló. Las siguientes sólo confirmaron que estaba frente a un cabrón de cabrones, pero de esos que son cabrones caborones, acá cabrones. A su modo (lo leo seguido porque es de los mataditos del taller y rara vez deja pendiente algún ejercicio), tomó lo que más le resonó de Muerte sin fin y, efectivamente, lo reescribió, lo tumbadeó y lo milmanerasdemorireó.

Entrarle serio a decir de qué trata, cómo leerlo y qué elementos simbólicos o formales retoma de la obra de Gorostiza para pasarlo a su propio lenguaje son cosas que me rebasan. Que quienes le saben a la literatura hagan, en el futuro más próximo, sus análisis procedentes, que vale completamente la pena. Lo que sí puedo decir es que la obra está dividida en tres “Tajos”, que cada uno aborda un motivo (¿y un color?) y que la figura de Dios es permanentemente cuestionada.

Mientas tanto, aquí van algunos fragmentos representativos de cada Tajo, pa’ que se eche usté un quemón:

I. Primer tajo

vientre paterno
presencia permanente sobre mis errores
sosteniéndome en ti con agujas
entre nubes amarillas
paisaje postapocalíptico
transmexicano
herejes escapistas del umbral cuerpo
somos deseados por la muerte
rostro de tu vino gestante
la estancia vaginal del blanco anochecer
inundada mi frente de tu atmósfera culterana
gorostizeana
corridotumbadesca
haciéndome camino
a través del criko regado por el suelo
son las órdenes sin alas que divagan de poder
en tu lleno universal
[…]
II. Segundo tajo

un reinicio
allí están sujetas
águilas de sangre
todo es rojo ahora
un cuerpo divino de tan corpóreo empalado en el río
tratando de volar en arco
como las flechas que le dieron eternidad a San Sebastián
atropella la raíz enlazada a tus pies de caoba ardiente
tu ausencia carretera
donde chorros de polvo limpian
nada más común en el oriente del Estado de México
cuna de dos tres grupos de rocentuidioma y algunas fosas clandestinas
saca el reflejo de tu cerebro por los oídos
humecta mi visión cefalorraquídea
pasa las manos lija por tu rostro en carne por cada vello sujeto de amputación
sin tu tráquea
el sistema corazón de mar sanguíneo
sumerge dos resoplidos al tronar el diente
acercas el ardor sobreexpuesto
el dividir de la epiglotis
la dermis hirviendo de tantísimo que soportar
ensucia la desaparición de tu torso con el viento después de tres días
muévete por las calles sin banquetas
y gira por si en sus llantos no te encuentro
llama el baile
¡tan-tan! ¿quién es?
un paso plasmado en el techo a nivel de suelo
una mancha putrefacta
¡es el Diablo!
[…]
III. Tercer tajo

¿cómo explico todo lo anterior?
me hará falta morir más veces y de más maneras
para arrullarme ahíto
fluir en la pared color nada
quizás dormido cortaré en fichas mis latidos
inundados de citalopram
muerto a causa de mirar el cielo durante una lluvia de meteoritos
muerto a causa del furor tanto
de la dualidad de existir y dejar de hacerlo
dame a entender por qué cortaré mis uñas y sangrarán mis ojos miopes
si son tus uñas y son tus ojos
si una pequeña parte de mi cuerpo vivo
será la que viajará por el universo
marcando la silueta de su cadáver en constelaciones
las estrellas de polvo hueso viajan al tímpano
te nombran con cada palpitar
tendrías mis ojos
mi cabello
mis líneas desgastadas por trenzar las oraciones de la muerte
la sangre en humo presentada en plato para hacer parte de tu mesa
siempre tu mesa de oro falso y cristal
colgada se mantiene mi mandíbula
ebrio por lo espacial del gris
llámame perdido
pero encuentras las esquirlas
de Dios
de Mí
de Él
sólo una parte de mi existencia se sostiene por tendones
allí en el vacío la nada
[…]

También fue por Instagram. Ya conseguí lugar para la presentación, me dijo Akira. Queda para el 24 de octubre a las 5. Armamos un micrófono abierto también, ¿cómo ves? Que participen tus estudiantes. Simón, yo veo cómo llegamos.

Siguió el viacrucis administrativo, género insulso y ubicuo: redactar permisos, consultarle a la dirección si se me autoriza salir y dejar un grupo (el entendible pánico al aula vacía), permitir que 10 estudiantes salgan de la escuela a esas horas y que no les claven un 0 por falta, avisar a lxs orientadorxs para que no se preocupen, confirmar con lxs tutorxs sí están enteradxs. Y a asumir el costo (institucional y emocional) de mover a diez adolescentes en transporte público de la Prepa a la Ciudad y de regreso, tomando combi de La Cruz a Santa Martha, metro hasta Pantitlán, transborde en la Línea 8 y bajar en Hospital General para caminar unas cuantas calles hacia Mérida 215, Colonia Roma, espacio cultural Fiel a la tierra. Misma ruta de regreso.

En orden alfabético de apodos, apellidos o hipocorísticos, según aplica, fuimos: España, Frank, Hidalgo, Hyro, Kike, Lemus, Moko, Suainst, Usiel y Yeyé (y yo, vea). Se nos hizo temprano y alcanzamos a fotografiarnos con un Dr. Simi, comprar un pollo rostizado para taquear en la banqueta porque no habíamos almorzado, practicar trucos de patineta frente a un edificio antiguo agarrando de obstáculo una cáscara de coco y jugar con globos y confeti. Una excursión en toda regla.

El primero en llegar fue Akira. Después fueron Alexis Aparicio y Julián Díaz, muy bien acompañados. Luego Astrid Velasco. Tantito más tarde se dio una vuelta Francisco Casado. Despuesito llegaron Yomara Naomi y Alejandro Miravete. Quizá 20 personas suenen pírricas, pero para una presentación del primer libro de un chamaco del Estado de México, editado de forma independiente y artesanal, más bien fue un mundo de gente.

La cosa se puso emotiva. Iniciamos con el micrófono abierto de estudiantes. Cada chamacx pasó a leer un par de sus textos y a hacer migas y contactos con gente ya consolidada en el mundillo escritural. Sentí un orgullo de mamá gallina de ver ahí a esxs provincianxs mexiquenses pasándose textos y recomendaciones con gente que viene más o menos de la misma zanja, pero que por ahí medio logró salir y trata de jugarle más a la escritura y la edición como formas de vida.

Luego vinieron las palabras de lxs jueces. Yomara habló a nombre de Näncy NiñoFeo, que no pudo llegar, y también desde su voz. Alexis hizo una reflexión interesante sobre el texto. A mí también me dieron chance al micrófono de decir que era feliz, muy feliz, y que me sentía orgullosote de Suainst y de Hidalgo Damián (la mención honorífica del concurso), que era nuestro primer evento de presentación con una editorial que no fuera la nuestra, la Editorial del Charco.

Después habló Suainst y casi hago la escena de derramar lágrimas. Lo primero importante que he hecho, se atrevió a decir. Ahí, feliz, orgulloso, rodeado de su gente, de quienes lo admiran y le echan vítores, porque, como dije, no cualquiera. Ya casi al final, Akira hizo su intervención, performática como acostumbra, transcripción que vamos a publicar en La Revista del Pantano. No te lo tomes en serio, le dijo a Suainst. Una cachetada, en más de un sentido.

Salimos felices a las 8:30 de la noche y a caminar de regreso, con todo el gusto del mundo por lo que habíamos vivido. Chucho, hay que pasar por tacos a Santa Martha. ¿Seguros? ¿Sí llegan a tiempo a sus casas?  Bueno, vamos. Para cada persona, una orden. Entre todxs, un jarrito sabor rojo. ¿Alguien quiere más? ¿Quién te preguntó si traías o no dinero? La convivencia, la compartencia, el ser porque otrxs son con nosotrxs. ¿Ya todo mundo en casa? Buenas noches.

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