Tsunami 2

Hace un año, desde El consejo de los sapos, el proyecto bookstagramer de la Sala de Lectura Dadá en la Prepa 55, compartimos nuestra lectura de Tsunami. De aquella experiencia con mis estudiantes rescato dos aprendizajes: primero, la satisfacción de haber trabajado un compendio de ensayos en un contexto donde no siempre es fácil generar interés por este tipo de textos; y segundo, las discusiones que se abrieron en torno al género, la violencia y la escritura a partir de autoras como Yásnaya Aguilar, vivian abenshushan, Yolanda Segura y Cristina Rivera Garza.

Este año, de manera menos sistemática, volví a acercar a mis grupos fragmentos de Tsunami 2. Aquí comparto algunas impresiones, tanto personales como colectivas.

Si tuviera que emitir un juicio de valor sobre Tsunami 2 en comparación con su primera entrega, diría que me gustó menos. Y no sólo hablo de una cuestión de gusto personal, que al final termina dependiendo de las coordenadas lectoras de cada quien, sino de su utilidad dentro del trabajo escolar. En esta ocasión, encontré menos materiales que desataran conversación.

En el primer Tsunami había piezas difíciles de compartir por lo conceptuales, como el experimento visual de Verónica Gerber, pero aun así conseguían abrir espacio para el diálogo. En cambio, en Tsunami 2 varios textos resultaron tan íntimos y anclados en lo personal (pienso en los de Lydia Cacho, Lia García o Fernanda Latani) que no despertaron interés entre lxs estudiantes. Y no es que lo personal carezca de potencia, porque buena parte del grupo se sintió interpelada por Las historias de que nos construyen de Jumko Ogata, aunque no compartieran nada de sus particularidades identitarias.

Sería un error decir que lo que narran Cacho o García es desdeñable: al contrario, sus trayectorias como activista y como referente trans, respectivamente, son fundamentales para entender el estado actual del feminismo y las cuestiones “de género” en el México contemporáneo. Pero el modo en que se volcaron esas experiencias se nos hizo (y aquí hablo en plural) distante. Así, lo que en el primer Tsunami se sentía como heterogeneidad de visiones, en Tsunami 2 se percibe más bien como inconsistencia.

Estoy trabajando en un libro de relatos sobre el consumo de drogas y su vivencia dentro de escuelas “de organización”. Uno de ellos parte de lo que muchxs vivimos en 2019 como estudiantes universitarixs: un feminismo público, de acción directa, que crecía como la espuma y que, de alguna manera, la pandemia pareció frenar. En él trato de abordar cómo nos descolocó, sobre todo a los hombres, la posibilidad de ser señalados por primera vez como agresores, con esas letras, con nuestra foto y nombre en público. El texto que abre Tsunami 2, posterior al prólogo de Gabriela Jáuregui, se titula La rebelión de las Casandras, está firmado por Marina Azahua y se centra justamente en ese proceso histórico de movilización masiva de mujeres.

En 2019, quienes ahora son mis estudiantes estudiantes tenían once años. En ese tiempo, ya estaban inmersxs en redes sociales, usaban TikTok y tenían presente el performance Un violador en tu camino (más conocido en México como El violador eres tú) del colectivo Las Tesis dentro de su imaginario colectivo. Así lo cuentan ellxs mismxs, asumiendo su vida en diálogo con ese movimiento, con opiniones más o menos informadas sobre el feminismo, el 8M y la violencia de género.

Por eso resultó tan enriquecedor que ellxs leyeran la perspectiva de una autora madura como Azahua sobre aquel año. Poner en palabras las motivaciones detrás de procesos que conocían sólo de oídas les permitió historizar su propia opinión y matizarla. En mi caso, la lectura también reconfiguró mi recuerdo: Vero y yo ya nos asumíamos “favorables al feminismo”, ella incluso participaba en algunas cosas, pero nos faltaba discurso para comprender la relevancia de todo aquello.

En un registro cercano se lee Hacer(nos) casita, de Diana del Ángel, sobre el célebre proceso de lucha por la defensa de la educación pública por parte del CGH de la UNAM en 1999. Aun con su carga revolucionaria, la autora muestra cómo la misoginia se filtraba en las causas colectivas y hace un mea culpa de su participación. Ese texto, además, tuve la oportunidad de compartirlo con otras mujeres de distintas edades vinculadas a movimientos políticos de izquierda, para escuchar, desde su experiencia, cómo han vivido la violencia de género en esos espacios.

Con más concepto y menos fuerza testimonial, Un bosque de mujeres: carta a las zapatistas, de Sylvia Marcos, también aporta en esta línea. Ahí la académica responde a distintas participaciones del Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, realizado en territorio autónomo zapatista el 8 de marzo de 2018. En conjunto, estas lecturas funcionan como un ejercicio de memoria que vuelve esos procesos experiencia viva para quienes no los presenciamos en su momento, o para quienes lo hicimos desde la carencia conceptual. Con estos tres textos construimos un diálogo intergeneracional que permitió darle, al menos en mi experiencia, cierto orden a nuestra historia de vida.

Dahlia de la Cerda despierta reacciones encontradas. Como activista, ha sido acusada de doxxear a personas transfóbicas y de permitir publicaciones polémicas en las redes de su colectivo Morras Help Morras. Como figura pública, incomodan su manera de encarar discusiones y sus opiniones sobre el barrio o el marxismo. Y como escritora, hay quienes la descalifican por irrelevante, por producto de la industria o por exotizadora. Sea como sea, a mí suele caerme bien, la verdad, y creo que su libro Perras de reserva funciona de maravilla para acercar a lxs jóvenes a la lectura. En Tsunami 2 aporta un texto titulado Feminismo sin un cuarto propio.

No exagero si digo que es la parte más subrayada y anotada de todo mi ejemplar del libro. Quizá también tenga que ver que es la más extensa. En cierto sentido, encarna lo que me ocurre con la antología completa: más inconsistente que heterogénea, pero no por ello menos interesante. Dahlia arranca con un ensayo personal donde narra la génesis de su pensamiento a partir de choques raciales y de clase que la distancian de la experiencia “blanca” del género. Después despliega una revisión de la historia del feminismo, hasta llegar a debates muy actuales: si el género por allá, si la clase por acá, si la identidad y la opresión… Hay pasajes que se sienten largos, pero en conjunto configuran la genealogía de su pensamiento. Y, siendo honesto, en más de un punto coincido con ella. Lo valioso es que ese carácter casi bibliográfico convierte el texto en un excelente detonador de conversación, invitando a leer a las autoras que menciona, ya sea para darle la razón o para encontrar argumentos en su contra.

En esta misma clave de aprendizaje, me resultó profundamente provocador ¿Quién apagará los incendios?, de Luna Marán. Es un ensayo sobre la vida comunitaria entrelazado con un poema explorando otras formas de amar. Entre mis estudiantes no despertó demasiado entusiasmo, debo decir, pero a mí sí me obligó a replantearme muchas cosas, sobre todo como docente en la Universidad Nacional Comunitaria. En ese espacio solemos debatir qué significa «lo comunitario», pero el texto de Marán es el que más me ha sumergido en la cuestión, puesto que coloca la vida comunitaria en el centro, sin romantizarla ni idealizarla como alternativa revolucionaria, sino entendiéndola en su contexto como la forma de supervivencia de un pueblo, con sus virtudes y contradicciones. Desde esa lectura, me descubrí un tanto farsante al usar las cuestiones comunitarias como parte de mi discurso, sabiendo que esas experiencias no corresponden del todo a mi vida.

Al igual que el primer Tsunami, esta segunda entrega no decepciona en la posibilidad de generar nuevas experiencias y nuevo vocabulario a través de textos accesibles y comprometidos que cualquiera, sin importar su formación o edad, puede entender, especialmente si realiza la lectura de forma colectiva.

En el taller de poesía que imparto en la Prepa 55, Poéticas de la barbarie, intento reunir y compartir textos que apuesten por lo que yo vivo como experimental (desde todas mis limitaciones), como una forma de tomar distancia de aquello que suele presentarse como “poético” en los bachilleratos públicos del Estado de México.

Dentro de Tsunami 2 encontré varios de estos. El que más atrajo la atención, tanto por su forma como por su contenido, fue Agua negra (fragmento del ensayo sonoro Echoes from the Borderlands), de Valeria Luiselli. Nos llevó a leer en voz alta, a descubrir sus sentidos ocultos, sus digresiones, y a experimentar a través de la escritura propia ese tipo de aproximaciones. Algo similar sucedió con 4 diatribas y media en la Ciudad de México, de Brenda Navarro.

Mención aparte merece El hambre soy yo, de Ytzel Maya. Es, personalmente, mi texto favorito de la antología, aunque no sorprendió que pasara desapercibido para lxs estudiantes. Me parece el texto más “ensayo creativo” del conjunto y quizá en ello reside tanto su potencia como su dificultad. No es que sea indescifrable, pero sí exige una atención que difícilmente se puede sostener en una lectura en voz alta de veinte minutos.

Tomados en conjunto, estos textos son, para mí, los que más brillan en Tsunami 2 y los que mejor dialogan con lo más logrado de la primera entrega: piezas densas, desafiantes, detonadoras.

Con una correcta mediación, puede que cualquier libro sea pertinente para leerse con adolescentes en un contexto escolar. Desafortunadamente yo no soy un correcto mediador. En el caso de Tsunami 2, sin embargo, no creo que el libro por sí mismo constituya un obstáculo insalvable. Su mayor dificultad está en el tema: el feminismo y las otras posturas antipatriarcales suelen estar insertas en las opiniones de lxs estudiantes y sus familias, lo que dificulta que aquellxs que no están muy dispuestxs a escuchar o leer sobre ese tema muestren curiosidad o respeto.

Tampoco pienso que dejarlo como lectura individual sea la mejor idea. Depende mucho de cada persona, claro. Justo ahí podrían brillar los textos que, en mi experiencia, no resultaron tan interesantes con en la colectivización. Porque su anclaje en la historia personal de las autoras, su redacción más a modo de diario o de chisme los hace sencillos en soledad.

Para Tsunami 1 escribimos esto y creo que es perfectamente aplicable para esta segunda versión:

La diversidad de temas abordados y los orígenes de las autoras son un atractivo interesante, pues nos permite identificar la multiplicidad de posturas antipatriarcales y disfrutar de diferentes modos de escribir y de ver el mundo. En el sentido didáctico, esta característica es útil para no hablar de El Feminismo, sino de aproximaciones, perspectivas, activismos y marcos teóricos

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