Harta de no ser youtuber

Era tarde. Si mal no recuerdo, la convocatoria decía que teníamos como fecha límite para enviar nuestra propuesta el 3 de marzo de 2022 y ya eran los primeros minutos del 4. Todavía me hice wey y escribí muy modosito el correo como si aún estuviera en tiempo y forma. La convocatoria era para publicar una plaquette de poesía en la Colección Crisis, editada por Granuja.

Crisis es una propuesta que intenta reunir autorxs emergentes, liminales, periféricos, no consagradxs, comprometidxs con alguna pinche causa… Ahorita ya anda en su segundo aire y flotan ahí textos de gente muy acá tipo Iván Mata, María Ausencia, Antonio Lau, Gerardo Szae, Miguel García y ya no detallo más porque pueden ir a buscar el catálogo o comprar en Instagram.

A los pocos días de enviar mi propuesta, me llegó el correo de que había sido aceptada y no’mbre, yo brincaba de gusto. Mi primer libro. Se tituló Quimbumba de la verdá, un manojo de poemas escritos desde la fiebre cumbiera y el sudor de una situación identitaria y piruja que andaba viviendo y en la que sentía muy involucrada mi casa. Puras jaladas, pues. Y luego de algunas rescrituras, tuve en mis manos el impreso de la entonces (y hasta ahora) versión definitiva a inicios de 2023.

El tercer poema de ese manojito se llama Llenar la cisterna y fue un palomazo que dice más o menos:

Este relato tiene más de contentillo que certeza

y bastante depende del destino

del dolor que dé asumirme

pendejo y otra cosa

Cada escucha merece un detalle diferente

de la anécdota me importan

el veneno y la cisterna

La cosa es que esa cisterna sí existe. Más o menos. No es metáfora (todavía). Es de cemento y está en el patio. En su momento fue una alberca pensada por mi mamá para su casa de ensueño y proyecto de vida. Yo heredé la casa para mí solito y lo primero que hice fue quitarle la ilusión (xd). Un colado sobre el agua para cuando haga falta. Me motivaron la culpa ecológica blanca (no me chingues cómo tener una alberca cuando no hay agua en tantos lados sí otra coca y dos cervezas por favor gracias) y el hecho de que hay que andar al tiro con la sequía en el oriente del Establo de México.

La obra empezó en enero de 2021. Se arrancó el azulejo despostillado por el sol, se pusieron nuevas cadenas, se afinó para impermeabilizar (aunque dice el arqui Juve de tiktok que eso no basta pero si es tan vergas que venga a hacerlo él). Al puro pedo se veía que iba a quedar. Sin embargo, uno de los dos albañiles que estaban trabajando murió en un accidente de moto de camino a otro jalesito y su hermano, que era el maestro de obra, se deprimió, se dedicó a la tomadera y dejó de trabajar.

En varios momentos hubo proyectos para rehabilitar el trabajo quedado a medias, pero por más que se picaba, afinaba, sellaba y pintaba, seguían saliendo fugas. De vez en cuando tuvo algo de agua, poquitita, pero era inoperante porque terminaba vaciándose y, si se trataba de desperdiciar, pues se hubieran quedado la alberca y la alegría y el amor de mamá.

Total, que estuvo ese elefante blanco ahí echándose a perder bastantes años… hasta HOY (que esta sí es metáfora porque hoy hoy hoy 14 de septiembre todavía no terminan los albañiles pero espero que en el hoy del futuro sí esté ya funcionando la maldita). Y es que ya de tanta reparación inútil, la única opción que se veía posible era de plano darle en la madre y construir una nueva en el mismo lugar.

Chance y la cisterna, cuando quede (que quede porfavor diosmío), sea menos un depósito de agua para cuando haga falta que una suerte de monumento al proceso, a lo que se escapa aunque intentemos e intentemos e intentemos contenerlo.

De últimas, me dan ganas de que no quede (no es cierto). No por nada sobre esa nimiedad es el tercero de los poemas de la Quimbumba. Termina por no ser tan nimiedad. Más allá del gasto y del desmadre de material de construcción que se hace cuando se repara, en mi vida de carne y hueso sí tiene un sentido en la relación con la jefa, en mi familia y lo que significa la casa en la que vivo y con quien la comparto. Los muros se han agrietado cuatro años y se fuga el agua y la vida y la escritura. Cuando se llene, ¿qué? ¿Qué sigue? ¿Cómo le encuentro otro sentido al poema? ¿Reedito el libro? ¿Quimbumba de la verdá – Cisterna llena’s version? Apenotas.

Todo esto lo cuento porque estoy harto de que no lo sepan. No tanto como harto, vaya, pero parte de mi trabajo es justo estar al pendiente de mí mismo y compartirlo con la gente que me rodea. Siento que sirve. Bien podría pasar como pasa cualquier cosa (o hasta menos), pero si usted lo lee, qué felicidad. Para eso se escribe, ahuevo.

Ter, la youtuber favorita de los que nos sentíamos alternativos en mi generación de licenciatura, publicó su primer video en 2016: Harta de no ser youtuber. Reina. Desde hace unos meses me sentí así como ella describe, impotente, farsante y atorado luego de que vi a mis amiguitos del feis que ya andan trayendo su blog y dejando registro digital detallado e ilustrado de lo que pasa en sus vidas. Un diario, una especie de scrapbook, una fanzine personal con sus piensos, sientos y fotos. Sí, pues, que para eso sirve el muro de Face, para eso Instagram, por eso Twitter dice de sí misma ser una plataforma de mirco-blogging, pero no es lo mismo y no sé explicar por qué y no tendría argumentos para defender mi opinión. Al final, esta es mi propia página, mía mía mía de mí, no manches, me siento en 2006.

Cuando me tocó escoger la URL era tarde y hacía las cosas aprendiéndolas al mismo tiempo en un tutorial de youtube sobre cómo hacer tu propia página web rápido y fácil. Según yo, de mientras, usé el usuario que tenía de un correo de mi adolescencia, chuchomalaonda@xxx.com, para que quedara muy claro eso de que este mugrero es algo personal y que no tiene que ver con las otras cosas en las que medio ando metido. Pero ahorita que lo pienso y escribo la primera entrada, me hubiera gustado más ponerle a esta página diseñada y gestionada con WordPress La Cisterna. Hubiera estado más acá, menos oda-a-mí-mismo, pero pues ya pagué.

Y la verdad, lo que me pone harto no es no ser youtuber ni no tener un blog bonito y bien hecho (sigo viendo tutoriales de cómo hacerlo y nomás no le hallo porque aparentemente y contra todo pronóstico sí tiene sentido contratar gente que le sepa a esto). Me cansa no darle un espacio permanente a lo que pienso. Por eso me decidí a construir esta otra cisterna también como monumento al proceso, a lo que se escapa aunque intentemos e intentemos e intentemos detenerlo. Nada garantiza que el agua o la memoria se queden dentro, pero en el esfuerzo de retener algo está la vida, pienso. Con que guarde un poco de agua mientras, con eso tengo.

Deja un comentario